Mujeres y matemáticas

Le 4 novembre 2013  - Ecrit par  Joaquín Navarro
Le 8 mars 2019  - Traduit par  Jimena Royo-Letelier, Julio E. De Villegas
Article original : Les femmes et les mathématiques Voir les commentaires
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El Instituto Henri Poincaré e Images des Mathématiques han unido sus esfuerzos para supervisar la reedición de la colección El mundo es matemático, publicado por RBA en convenio con Le Monde. En 40 obras, esta colección de calidad, resultado de un proyecto colectivo de matemáticos españoles, aspira a presentar, a través de una gran variedad de puntos de vista, de múltiples facetas, las ciencias matemáticas, bajo un aspecto histórico, humano, social, técnico, cultural...

Revisado y mejorado al nivel de la forma, esta nueva edición fue completamente leída y corregida por el equipo de Images des Mathématiques ; prefacios y listas bibliográficas fueron agregadas. Le Monde consagra un suplemento especial para el lanzamiento de esta colección presentada por Cédric Villani, quien escribió el prefacio original.

Cada semana, con la salida de un nuevo número de la serie, un extracto seleccionado será presentado en Images des Mathématiques. Será acompañado por un resumen del libro y de una invitación a prolongar su lectura.

Extracto del capítulo 2 - El siglo de las luces

Sophie Germain (1776-1831)

  • Sophie la matemática

Vamos ahora a contar una historia bien conocida, muchas veces adornada y deformada por los biógrafos : Sophie quería adquirir más conocimientos en matemáticas que lo que su condición de mujer burguesa le permitía. ¡Ella se atrevía incluso a leer a Euler y Newton ! Su familia, que había oído de sus proyectos, se aterrorizó por la excentricidad de estos andares. Querer desarrollar un pensamiento científico, una actividad reservada sólo al cerebro masculino, más resistente, era indigno de una joven dama. Se suponía que las matemáticas podían llevar a las mujeres a la locura, porque sus cerebros no eran capaces de soportar semejante esfuerzo. Sus padres estaban bastante decididos a desviar a Sophie de las matemáticas : como trabajaba de noche, ellos le confiscaron sus ropas, de manera que ella no podía salir de su cama. También se vio privada de velas, de candelabros, de lámparas o de cualquier objeto que le permitiera iluminar o calentar su habitación. No tuvieron éxito, ya que Sophie encontraba siempre alguna manta para abrigarse y lograba proveerse de velas. Esta batalla duró un tiempo, hasta que la parte menos decidida cedió. El (la) lector(a) habrá adivinado cuál fue. Así fue como Sophie Germain, matemática aficionada, alcanzó un excelente nivel de conocimientos.

[...]

La Escuela Politécnica, cuyas enseñanzas eran casi similares a las de la Academia Militar de West Point en los Estados Unidos, abrió sus puertas en 1794. Ahí se formaba a los futuros oficiales y expertos cuyos excelentes conocimientos en matemáticas debían ser puestos al servicio de grandes problemas militares. No hace falta decir que la Escuela Politécnica no aceptaba jóvenes mujeres. Nada inalcanzable para Sophie Germain. Uno de sus amigos, Antoine Auguste Le Blanc, era alumno y le permitía a Sophie utilizar su nombre para tener acceso a los cursos y a los textos entregados por la escuela. Ella se valía igualmente del nombre de Le Blanc como firma. Pasó a ser un matemático hermafrodita, a falta de poder ejercer como mujer.

[...]

Extracto del capítulo 4 - El siglo XIX

Sofia Kovalevskaya (1850-1891)

  • De la inmensidad rusa al vecino europeo

Sofia era una alumna vivaz. Un amigo de la familia, el profesor Tyrtov, le ofreció un día un libro de física que acababa de escribir. La parte consagrada a la óptica regurgitaba de fórmulas trigonométricas y, frente al estupefacto autor, Sofia descifró su contenido y descubrió secretos trigonométricos a los cuales el libro ni siquiera hacía referencia. Por sí sola, la jovencita había aprendido la trigonometría elemental. Tyrtov, un tanto confundido, habló con el padre de Sofia, que era más bien de la vieja escuela y —desde lo alto de su desconfianza rusa, de militar y de hombre del siglo XIX— veía con malos ojos que una mujer hiciera estudios, sobre todo en matemáticas. De todas maneras, ante la insistencia general, él se dejó convencer para dejar que su hija fuera a estudiar a San Petersburgo, sin renunciar no obstante a la idea de verla convertida en una joven en el sentido como él lo entendía. Sofia comenzó entonces a comprender, encantada, los símbolos de Ostrogradski que adornaban los muros de su habitación, y se fue alegremente a estudiar en busca de nuevos conocimientos. Además de su talento en matemáticas, Sofia tenía igualmente una pluma notable. Un buen día ella se encontró sin dinero. Ella quería continuar viajando, aprender y proseguir su formación, pero su familia le prohibía irse de San Petersburgo. Fue ahí cuando intervino Fiodor Dostoievski, famoso escritor que ya conocía a la hermana de Sofia, Aniuta. La intelligentsia era una clase social muy influyente en esa época en Rusia : el nihilismo, entre otras ideas progresistas, estaba de moda, y Dostoievski era uno de los líderes. Los hombres libres habían descubierto la llave de la libertad : el matrimonio por conveniencia.

[...]

La leyenda cuenta que Sofia encontró su mitad ’’por completo azar’’. Él era un hombre joven llamado Vladimir Kovalevski (Kovalevskaya es, en ruso, el femenino de Kovalevski), estudiante prometedor en geología, que conocía a Darwin y tenía ganas de viajar, de estudiar y de compartir la vida de Sofia.

[...]

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Sommaire du livre

Para conocer más

He aquí algunos artículos sobre este tema :

Post-scriptum :

El extracto propuesto fue elegido por la autora del prefacio del libro : Sylvie Benzoni. Ella contestará los eventuales comentarios.

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Pour citer cet article :

Julio E. De Villegas, Jimena Royo-Letelier — «Mujeres y matemáticas» — Images des Mathématiques, CNRS, 2019

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