El tema de la fea y triste Kovalevskaya...

O ¿qué tienen en común una matemática, una pintora y una autora ?

Le 28 septembre 2021  - Ecrit par  Eva Kaufholz-Soldat
Le 28 septembre 2021  - Traduit par  Andrés Navas
Article original : Le thème de la triste et laide Kovalevskaya... Voir les commentaires
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El extracto que se presenta a continuación está tomado de un artículo de un periódico publicado en Londres en 1901. Se citan los nombres de tres mujeres : Marie Bashkirtseff, que saltó a la fama como pintora después de su formación en la Academia Julian de París, Emily Brontë, autora muy conocida por Jane Eyre y Les Hauts de Hurlevent, y Sofia Kowalevskaja (1850-1891), hoy una de las matemáticas más famosas. Evidentemente, son mujeres extraordinarias : las tres se habían hecho un hueco en el mundo de las artes o las matemáticas, campos considerados masculinos a fines del siglo XIX e inicios del XX. La mayoría de sus contemporáneas fueron ante todo esposas y madres amas de casa, cuando no fueron relegadas, por razones económicas, a servir como sirvientes u ocupar puestos en la parte inferior de la escala jerárquica, en fábricas o en la agricultura, en caso de tener que mantenerse económicamente a sí mismas o a sus familias.

El objetivo de este artículo es contextualizar los comentarios de este artículo y luego utilizarlo para mostrar cómo las personas famosas han sido instrumentalizadas en el contexto de los debates sobre el lugar de la mujer en la sociedad.

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Revisión (sin título) de un volumen del diario de Marie Bashkirtseff,The Daily Chronicle (London), 6 de mayo de 1901

Esta es la transcripción del extracto de artículo :

It may be that some women of undisputed genius have suffered similar pangs. Mr. George Smith has left on record the impression that Charlotte Brontë would have surrendered all her fame for the gift of beauty. This throws a pathetic light on the person of Jane Eyre. Jane was plain, but with a plainness that fascinated Rochester. Did the creator of both ever ask herself whether her own looks would have tamed that wild virtuoso of feminine charm ? Sonia Kovalevsky [Sofya Kovalevskaya] was not beautiful, and the European renown of her mathematical intellect was no balm to a heart full of unrequited passion. In some future stage of development, woman [sic] may indeed be ’’calm as power, and indifferent as a superior spirit’’ ; but that time seems still remote. Love, says Marie Bashkirtseff sagely, is not for the artist, except as a luxury which he can pay for, ’’when he has won his place.’’

Una traducción del pasaje del artículo :

Puede ser que algunas mujeres de indiscutible genio hayan sufrido dolores similares. El señor George Smith ha dejado constancia de que Charlotte Brontë habría cedido toda su fama por el don de la belleza. Esto arroja una luz patética sobre la persona de Jane Eyre. Jane era sencilla, pero con una sencillez que fascinaba a Rochester. ¿La creadora de ambos se preguntó alguna vez si su propia apariencia habría domesticado a ese salvaje virtuoso del encanto femenino ? Sonia Kovalevsky [Sofya Kovalevskaya] no era hermosa, y el renombre europeo de su intelecto matemático no era un bálsamo para un corazón lleno de pasión no correspondida. En alguna etapa futura de desarrollo, la mujer [sic] puede estar ’’tranquila como el poder e indiferente como un espíritu superior’’ ; pero ese tiempo parece todavía remoto. El amor, dice sabiamente Marie Bashkirtseff, no es para el artista, excepto como un lujo por el que puede pagar ’’cuando haya ganado su lugar’’.

Un lector actual inicialmente podrá responder fácilmente a la pregunta planteada en el título, es decir, qué conecta a estas tres mujeres. Todos conocemos este tipo de publicación, que bien puede ser denominado ’’enumeración enciclopédica’’. Enumera, en orden alfabético o cronológico, los nombres de mujeres que en el pasado se destacaron en las ciencias o las artes, con alguna información biográfica. Dirigida a un público cada vez más joven, la narración de estas vidas extraordinarias a menudo tiene como objetivo alentar a los lectores, especialmente a las niñas, a seguir carreras en disciplinas científicas y tecnológicas [1].

Estas enumeraciones enciclopédicas también se publicaron regularmente a principios del siglo XX, particularmente en la prensa o en obras específicas, en el marco de debates sobre la mujer y su papel en la sociedad. El artículo de periódico que se presenta aquí es un ejemplo. Si bien los objetivos de los movimientos feministas variaban no solo entre países, sino también de un grupo a otro a nivel nacional, las demandas de una mejor educación para las niñas y de acceso a la educación superior eran comunes. Se materializaron a más tardar en la segunda mitad del siglo, especialmente en Europa (Palatschek & Pietrow-Enker 2004, pág. 319) . La publicación de listas enciclopédicas, en forma de artículos o incluso de libros completos [2], sirvió para mostrar -citando ejemplos históricos y contemporáneos de mujeres artistas, doctoras o científicas- que el sexo supuestamente débil podría tener éxito en exactamente las mismas profesiones que los hombres.

Pero el tono del recorte de prensa presentado aquí parece difícil de conciliar con los relatos que atribuyen a las biografías de mujeres extraordinarias un modelo a seguir para las jóvenes. Kovalevskaya, Bashkirtseff y Brontë de ninguna manera se retratan de manera positiva. Se habla más sobre sus sufrimientos y sus dolores (en el sentido psicológico) antes de discutir en detalle su físico aparentemente poco atractivo. Al igual que los partidarios de los movimientos de emancipación, sus oponentes han utilizado enumeraciones enciclopédicas para defender su punto de vista. Y aunque pueda parecer contradictorio a primera vista, los dos grupos a menudo se refieren a las mismas mujeres...

El extracto del periódico tiene la intención de advertir a las jóvenes que no sigan los pasos de Kovalevskaya, Bashkirtseff y Brontë, tres de las mujeres que fueron mencionadas con más frecuencia en estos debates, ya sea como prueba de la destreza intelectual de las mujeres o, al contrario, con intensiones diametralmente opuestas. De hecho, ellas están unidas por mucho más que sus profesiones, excepcionales para la época. Cuando apareció el artículo de 1901, las tres ya habían muerto a edades relativamente jóvenes. Brontë murió en 1855 a la edad de 38 años, posiblemente debido a complicaciones de su embarazo. Bashkirtseff sucumbió a la tuberculosis en 1884 a la edad de 25 años, mientras que Kovalevskaya murió de una pequeña infección pulmonar después de cumplir 41 años en 1891. Varias publicaciones póstumas ya habían aparecido sobre cada una de ella ; lejos de calificarlas como mujeres pioneras y consumadas, estas las presentaban como una supuesta prueba del inevitable fracaso de las mujeres que vislumbraban una carrera diferente a la de esposa y madre. El examen de estos aspectos, que estructura el artículo de la revista a continuación, resalta la forma en que las biografías de mujeres fueron instrumentalizadas durante el siglo XIX para confirmar las hipótesis preexistentes sobre la feminidad. También veremos que esta instrumentación sigue funcionando hoy cuando se escenifican como heroínas.

Una biografía de Sofia Kovalevskaya

En el contexto de Paisajes matemáticos , centrémonos particularmente en el caso de la matemática rusa Sofia Kowalevska, cuya atípica carrera sigue fascinando en la actualidad. La más joven de tres hijos en una pequeña familia noble, recibió lecciones privadas de matemáticas apenas se reconoció su talento. Como a las mujeres no se les permitía estudiar en Rusia en ese momento, contrajo matrimonio de conveniencia con Vladimir Onufriyevich Kovalevsky (1842-1883) para que este último pudiera llevarla a estudiar a países alemanes.

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Sofja Kovalevskaya (1850-1891). Institut Mittag-Leffler, Djursholm
Reproduit avec l’autorisation de l’Institut Mittag-Leffler

Una vez más, en principio a las mujeres no se les permitía estudiar. Sin embargo, como extranjera, a Kowalevskaya se le permitió asistir excepcionalmente a clases de matemáticas y física en Heidelberg en 1869. Después de dos semestres, se sintió atraída por Berlín, que en ese momento era uno de los lugares más prestigiosos para estudiar matemáticas. Esta reputación se debió principalmente a Karl Weierstrass (1815-1897), uno de los matemáticos más famosos e importantes de la época. Aunque este último era hostil en principio a los estudios de la mujer, Kowalevskaya logró convencerlo de su talento : le dio lecciones privadas en los años siguientes y, rápidamente, se convirtió en un amigo íntimo y confidente. Gracias a su apoyo, Kovalevskaya obtuvo en 1874 un doctorado de la Universidad de Göttingen, basado en tres artículos matemáticos en el marco de una Absenzpromotion , una concesión de título sin defensa oral, que era relativamente común en ese tiempo [3].

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Karl Weierstraß (1815-1897) & Gösta Mittag-Leffler (1846-1927)

Kovalevskaya y su esposo regresaron a Rusia, donde su matrimonio de conveniencia se convirtió en una relación real. Su hija Sofía, apodada Fufa, nació en 1878. Kovalevskaya suspendió su investigación hasta 1879, cuando hizo una presentación en el Sexto Congreso de Naturalistas y Médicos de San Petersburgo. Allí conoció al joven matemático escandinavo Gösta Mittag-Leffler (1846-1927), que se había convertido en uno de los admiradores más fervientes de Weierstrass después de una estancia de estudios en Berlín.

Después de esta reunión, Mittag-Leffler se propuso ayudar al alumno favorito de Weierstrass a conseguir un puesto universitario. Esto fue posible después de dos eventos que tuvieron lugar a principios de la década de 1880. Primero, Vladimir, de quien se había separado dos años antes, se suicidó en 1883. Kowalevskaya tenía ahora un estatus de viuda respetable, lo que para ella permitía por primera vez en su vida la posibilidad de cambiar de residencia sin el consentimiento de un tutor varón. Mittag-Leffler se convirtió en profesor en 1881 en la Högskola de Estocolmo. Sin embargo, esta universidad experimental, centrada en las ciencias naturales, aún no estaba plenamente acreditada por el estado y no obtuvo el derecho a otorgar títulos hasta 1904.

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Fotografía del diario de Sofja Kovalevskaja con las notas sobre el problema de la rotación
Institut Mittag-Leffler, Djursholm

Fue en esta institución, durante el semestre de invierno 1883-1884, donde Kovalevskaya pudo dar su primera charla como conferenciante (no remunerada), para luego obtener -en el verano de 1884- un puesto inicialmente limitado a cinco años. Ya durante sus estudios, por sugerencia de Weierstrass, Kovalevskaya había comenzado a trabajar sobre la rotación de un cuerpo fijo alrededor de un eje, un problema con una larga tradición matemática. Después de que Leonard Euler (1707-1783) derivó ecuaciones diferenciales de las ecuaciones de movimiento de Newton que podrían usarse para describir el movimiento giroscópico, él y más tarde Joseph-Louis Lagrange (1736-1813) lograron resolverlas analíticamente para dos casos particulares (para cuerpos suspendidos en su centro de gravedad o cuando el centro de gravedad está en un eje de simetría). Utilizando las funciones abelianas utilizadas para calcular las integrales hiperelípticas, Kovalevskaya pudo dar las soluciones de un tercer movimiento giroscópico en el que el centro de masa ya no está en el eje de simetría, sino en uno de los ejes de inercia, lo que, como demostró Edouard Husson (1872-1959) en 1905, permitió conocer todos los casos de movimientos giroscópicos para los cuales las ecuaciones de movimiento podían resolverse en forma analítica (Cooke 1984)  [4].

El supuesto destino natural de los dos sexos

Aunque la historia de la vida de Kovalevskaya terminó trágicamente en el apogeo de su carrera, parece difícil para un lector moderno entender por qué el autor anónimo del recorte del periódico pensó que su biografía podría servir como una advertencia para las niñas. Para comprender el camino de su pensamiento, la pista crucial es el uso de la expresión ’’mujeres de genio indiscutible’’ para describir a las tres mujeres. Cabe señalar que Bashkirtseff, Brontë y Kowalevskaya no son mencionadas aquí como genios, sino que solo se describen como poseedores de un ’’genio incuestionable’’, es decir, un talento superior a la media sin que esto defina a su persona en general. No se trata, por tanto, de un discurso sobre la genialidad y la locura, muy esparcido en la época [5], aunque el argumento tiene algunas similitudes. En efecto, este don también es entendido por el autor como la causa de su dolor y de su muerte. Esta asociación es aquí sólo implícita, pero absolutamente inequívoca para sus contemporáneos, quienes probablemente conocieron las historias de vida de estas mujeres muy presentes en los medios de comunicación de la época. Pero ¿cómo llega el autor a esta afirmación ?

La causa es la concepción, propia del siglo XIX, de una clara división de los campos de acción de los dos sexos. Por aquel entonces, se tenía la convicción de que la naturaleza había destinado a los hombres a la esfera pública, desde donde moldearon a la sociedad como médicos, abogados, políticos o científicos. Las mujeres, en cambio, tenían que cumplir con sus roles biológicamente predeterminados dentro de la esfera privada como esposas y madres. Esta concepción también incluía la creencia de que este estado de cosas estaba ligado a ciertas características de los sexos, ya discutidas en la filosofía griega antigua y para las cuales los alemanes acuñaron más tarde el pegadizo término de ’’caracteres de género’’. En este paradigma, las características complementarias y polarizadas se atribuyen a los sexos según sus respectivas determinaciones : los hombres son vistos como activos, valientes y racionales, mientras que las mujeres son descritas como pasivas, cobardes, engañosas y emocionales (Hausen 1976, págs. 387- 389) .

Curiosamente, la creatividad se vio originalmente como un rasgo femenino debido a su supuesta proximidad al engaño. Sin embargo, con los artistas del Renacimiento, adquirió una nueva connotación positiva y, por lo tanto, se consideró intrínsecamente masculina (Daston 1997) . Como pintora y autora, Bashkirtseff y Brontë evolucionan claramente en campos considerados prerrogativas de los hombres en el siglo XIX. Pero la creatividad también era requerida en matemáticas, y aunque esta forma de creatividad rara vez se definió, esto no impidió que nadie afirmara que las mujeres carecían del ’’poder creativo’’ para desarrollar nuevas teorías o demostraciones (Rowold 2010, pág. 81 ; Hausen 1976, págs. 12 y 369) . Por naturaleza, ellas eran madres y, por lo tanto, estaban orientadas a la reproducción, lo cual explica por qué solo podían recopilar conocimientos antiguos o realizar tareas repetitivas, como cálculos siguiendo instrucciones.

Tales afirmaciones se pueden encontrar, por ejemplo, en la obra del médico alemán Paul Möbius (1853-1907), nieto del matemático August Ferdinand Möbius (1790-1868) y conocido hoy principalmente por su trabajo fundamental sobre la migraña y la enfermedad de Graves-Basedow. Möbius publicó un libro titulado Sobre la disposición a las matemáticas (Über die Anlage zur Mathematik), concebido como un intento de localizar un área determinada del cerebro humano como un factor causal del talento matemático. En él, explicó en detalle por qué consideraba a las mujeres inferiores, más débiles [6] que los hombres tanto física como intelectualmente.

Por esta razón, Möbius estaba convencido de que las pocas mujeres que sobresalían en el campo de las matemáticas, que para él y muchos contemporáneos era inherentemente la más masculina de las disciplinas, eran solo excepciones (en el sentido negativo del término) a las habilidades generales de su género. Refiriéndose implícitamente a las teorías de la degeneración que también se habían popularizado en ese momento, en particular gracias a Cesare Lombroso (1835-1909), declara que Kovalevskaya o Sophie Germain, entre otras, eran fenómenos patológicos, clasificándolos como ’’productos de la degeneración’’. Möbius también devalúa sus logros al afirmar que, Incluso si hubieran poseído mucho más talento matemático que la mujer promedio, en general ’’es cierto que las ciencias en sentido estricto no han conocido y no pueden esperar ningún enriquecimiento por parte de las mujeres’’. Firmemente anclado en la teoría según la cual las mujeres no poseen facultades originales sino sólo reproductivas, les concede únicamente que están ’’predispuestas a ser alumnas modelo’’, ya que su memoria y su capacidad de comprensión ’’no son del todo malas’’. En el mejor de los casos, dijo, una mujer podría utilizar ’’el método enseñado por el maestro, con un espíritu similar’’. Para él, esto también se aplica a las publicaciones matemáticas de Kowalevskaya, que según Möbius son solo ’’elaboraciones de los pensamientos concebidos por Weierstrass’’ (Möbius 1900, respectivamente págs. 84, 20-22, 86) .

Möbius estaba encantado de descubrir que, independientemente de él, el matemático italiano Gino Loria había llegado a conclusiones similares (Möbius 1900, pág. 93) . En dos publicaciones, Loria también afirmó que las mujeres matemáticas, por un lado, eran la excepción y, por otro lado, habían dependido de un hombre fuerte, ’’su propio padre’’, quien siempre había actuado como uno de los matemáticos más eminentes de la época. Aunque la relación epistolar entre Karl Friedrich Gauß (1777-1855) y Sophie Germain era obviamente muy diferente de la de Weierstrass y Kowalevskaya, aquí se considera que ambas son equivalentes. Como para Möbius, los resultados matemáticos obtenidos son presentados por Loria como debidos a la paternidad intelectual del hombre y la simple ejecución de la mujer (Loria 1903, pág. 391 ; Loria 1904) .

La actividad en una profesión entendida como masculina, percibida aquí como contra natura, es, según estos dos autores, la razón por la que Kovalevskaya naturalmente tuvo que sufrir. Para Möbius, es incluso la mejor prueba de que los ’’talentos masculinos’’ no son en absoluto un regalo para las mujeres, sino una ’’estaca en la carne’’, porque destruyen la ’’felicidad femenina en la vida’’ (Möbius 1900, pág. 92) . Para esta hipótesis, que desde un punto de vista actual es bastante discutible, también puede referirse a una fuente que a primera vista parece autoritaria.

El amor satisfecho como verdadero objetivo de vida para una mujer

Esta fuente es la biografía de Kovalevskaya de Anna Charlotte Leffler (1849–1892), hermana de Gösta Mittag-Leffler y amiga cercana del matemático, pero también una autora de renombre internacional. Como ya indica el subtítulo del libro, Lo que aprendí con ella y lo que ella me dijo sobre sí misma, su relato de 1892 se basa en experiencias comunes, historias contadas por Kowalevskaya y extractos de correspondencia citada directamente.

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Artículo de periódico « `Sophie Kowalewski’ », por Anna-Charlotte Leffler (con el nombre de A[nna] Ch[arlotte] E[dgre]n (Anna Charlotte Edgren), Illusterad Tidning, 32, 9 de agosto de 1884, págs. 269-270
Kovalevskaya había tomado ese año un puesto de profesora a tiempo completo, aunque inicialmente limitado a 5 años, lo que hacía de ella la primera mujer profesor del país (« första kvinliag professor »). Institut Mittag-Leffler, Djursholm.

Por supuesto, esto no significa que este sea un relato objetivo. La propia Leffler describió esta biografía como un ’’poema’’ y no es difícil ver que, utilizando por un lado anécdotas y citas elegidas a propósito, además de agradecimientos que a menudo se expresan abiertamente, no deseaba escribir el retrato de una mujer que triunfó en un dominio masculino. Basándose en su propia experiencia, Leffler explica que el amor pleno es el objetivo supremo de una mujer en la vida y diagnostica que eso es precisamente lo que Kovalevskaya nunca logró, aunque era su deseo más profundo. Por eso, presenta la vida de su amiga como la de una mujer fracasada, dividida entre el deseo de su corazón y su profesión, y que por ello acabó pereciendo.

Aquí es donde se origina el mito de la desafortunada Kovalevskaya, un motivo que se hizo aún más popular con el Libro de las mujeres de Laura Marholm en 1894, una obra cuyo éxito se debió quizás a su carácter controvertido. Aunque nunca había conocido a la matemática, Marholm estaba convencida de que había entendido tan bien la naturaleza de las mujeres que solo ella conocía la verdadera explicación de la difícil situación de Kovalevskaya. Según Marholm, fue la inteligencia superior de Kovalevskaya lo que le impidió encontrar un hombre capaz de darle el amor sincero que tanto anhelaba, un amor que con ella también debe verse en términos sexuales [7].

Es irrelevante para los propósitos de este artículo discutir si las afirmaciones de Leffler son más verdaderas que las de Marholm, o si ambas dan una imagen igualmente distorsionada. Lo que es significativo aquí es que, como resultado de estas dos biografías, a la gran mayoría de los contemporáneos les pareció claro que la vida de Kovalevskaya iba a ser vista en última instancia como un fracaso, ya que había eludido su verdadero destino de mujer y que había pagado un alto precio por ello.

Para un lector moderno, comprender cómo sus contemporáneos llegaron a este mismo juicio sobre Brontë y Bashkirtseff es aún más difícil que en el caso de Kovalevskaya. De hecho, Bashkirtseff tenía solo veinte años al momento de su muerte, mientras que Brontë no solo era feliz en el matrimonio sino que también estaba embarazada. Una vez más, esto se explica por publicaciones que pintan un retrato romantizado de las dos mujeres. Estos retratos no se basan necesariamente en hechos, sino en interpretaciones individuales de autores que han adaptado sus biografías a las opiniones que ya tenían sobre el destino de las mujeres. En el caso de Brontë, la escritora Elizabeth Gaskell trató de refutar la acusación demasiado frecuente de ’’grosería’’ ( coarseness  [8]) de las hermanas Brontë al retratar deliberadamente a la autora como una mujer sobria y monja que no buscaba prosperar en los deberes y tareas naturales y femeninas de esposa y ama de casa (Miller 2013, capítulo 3) .

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Marie Bashkirtseff : autorretrato con paleta, 1880

En el caso de Bashkirtseff, el retrato tiene su origen en el diario de 105 volúmenes que escribió, extractos del cual se publicaron en varios volúmenes a principios del siglo XX. En este éxito comercial internacional (Herrmann 2009, págs. 46-49) . Bashkirtseff presenta su vida, de cara a una futura publicación, como una auténtica representación de la amarga lucha de un artista por la autorrealización (Mader 2009, pág. 96) . Esta imagen también se encuentra en negativo en el Libro de las mujeres de Marholm en la forma de otro ejemplo de cómo una mujer que no dedica su vida a un hombre debe terminar ’’marchitándose’’ y muriendo de la soledad resultante (Marholm 1895, p. 4) . A principios del siglo XX, encontramos cada vez más a Kovalevskaya y Bashkirtseff codo a codo en diversas publicaciones, siempre para confirmar la misma hipótesis, como por ejemplo en un artículo de la escritora Isabel F. Hapgood (1851 - 1928) : ’’En el fondo de su corazón, las mujeres que se han hecho famosas y, por una razón u otra, se han perdido la carrera doméstica que se espera de las mujeres, todavía lamentan esta pérdida’’ (Hapgood 1895, pág. 537) .

Las mujeres inteligentes siempre son feas

La tesis según la cual las mujeres que, por no haber logrado conquistar el corazón de un hombre, fracasaron en su vida a pesar de su gran éxito profesional, puede asociarse admirablemente con la afirmación de que no fueron lo suficientemente atractivas para hacerlo. En este sentido, no es de extrañar, por tanto, que en el recorte de periódico aquí analizado se describa a Kovalevskaya y Brontë como poco atractivas, idea que también se afirma en los numerosos escritos biográficos que les conciernen en ese momento [9].

Laura Marholm es quien puso más énfasis en la apariencia de Kovalevskaya. Por ejemplo, siguiendo la necesidad generalizada de clasificación en ese momento, divide a las mujeres rusas en dos categorías. Según ella hay, por un lado, mujeres sensuales y femeninas, que también poseen abundantes cualidades eróticas. El otro grupo, en el que incluye a Kovalevskaya, es todo lo contrario. Ella pinta un cuadro de las mujeres que poseen los atributos masculinos de la teoría de los caracteres de género : son claras, valientes, fuertes y ’’razonables’’. Pero esto también se refleja en su apariencia, que no es muy femenina : ’’Hay algo de neutral en ellas ; uno no se vuelve, por así decirlo, consciente de que son mujeres’’ (Marholm 1895, p. 168) . En resumen, quien puede pensar como un hombre no puede parecerse a una mujer.

La apariencia de Kovalevskaya habría tenido posteriormente un efecto negativo en sus esfuerzos por encontrar un marido, en particular porque habría comenzado esta búsqueda demasiado tarde, cuando ya era ’’una mujer un poco vieja y seca’’ (Marholm 1895, pág. 163) . Es muy posible que esta afirmación provenga de la famosa pedagoga Ellen Key, con quien Marholm se había puesto en contacto con los fines de su ensayo sobre la matemática y que, a diferencia de ella, había sido amiga de Kovalevskaya. En su descripción biográfica, Key también indicó que, como mujer inteligente, era difícil encontrar un marido de todos modos. Según Key, si alguien es como Kovalevskaya, ’’en cuya cuna las gracias no han depositado sus dones, entonces el destino de tal mujer será trágico’’ (Key 1908, pág. 56) .

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Grabado de Charlotte Brontë realizado por Alonzo Chappel en la década de 1870
Este grabado se basa en un retrato hecho por George Richmond en 1850, que según su editor Smith hizo que Brontë se echara a llorar, ya que descubrió que no se parecía a ella, sino que se parecía a su hermana Anne, que había muerto hace un año. El retrato se incluyó como grabado en la biografía de Gaskell, lo que lo hizo famoso en todo el mundo. Chappel no solo basó su representación en este retrato, sino que también agregó un cuerpo, que es totalmente de su invención y que, junto con la cintura delgada, faldas sueltas y encajes, está diseñado para demostrar la naturaleza femenina de Brontë.

Un juicio poco halagador sobre la apariencia de Brontë es mencionado por parte de su editor George Smith en el artículo del periódico, quien observa que la forma de su boca desfigura su rostro y que su cabeza es demasiado grande. También afirma que ella era mayoritariamente consciente de ser menos hermosa que el promedio, y voluntariamente habría cambiado su fama y talento por una mayor belleza (Orel 1997, pág. 90) . Curiosamente, una afirmación similar sobre Kovalevskaya también se encuentra en el libro de Ellen Key. Señala que la matemática a menudo habría dicho que con mucho gusto daría su genio a cambio de belleza, pero duda de que esto sea cierto. En realidad, hubiera querido cualquier cosa, incluida la belleza y el genio (Key 1908, pág. 69) .

Lo que hoy puede parecer un deseo particularmente ambicioso debe haber sido simplemente un oxímoron a los ojos de los contemporáneos. Así, describir a Brontë y Kovalevskaya como feas ofrecía más de una razón por la que no habían encontrado marido. Para ellas, esto era inseparable de su intelecto superior al promedio, su genio y su necesidad de combinarlo con una carrera entonces tan atípica para las mujeres. De hecho, desde el siglo XVIII al menos, se admitió que las mujeres podían ser hermosas o bien educadas, pero no ambas [10], especialmente porque se creía que solo las mujeres que no eran lo suficientemente hermosas como para encontrar un marido que las mantuviera estaban interesadas en la educación (Kuhn 2000, pág. 35) .

La recepción moderna

A raíz de Marholm, durante mucho tiempo no hubo ninguna publicación en la que la aparición de Kovalevskaya se presentara de manera positiva. Sin embargo, mientras que la supuesta fealdad de Brontë, a pesar de que apenas hay un retrato verificado de ella, se ha discutido repetidamente en la literatura reciente (Franklin 2016, págs. 55-59) , un cambio total en la apreciación de la matemática tuvo lugar a partir de la década de 1930. Probablemente se originó en un obituario escrito en 1935 por Hermann Weyl sobre su colega Emmy Noether. Weyl eleva a Kovalevskaya al epítome de la feminidad, tanto en su apariencia externa como en relación con las concepciones del carácter de género, las que aún prevalecían. Señala que ella poseía no solo un ’’encanto femenino’’, sino también una ’’personalidad más completa’’, la ’’personalidad de una mujer’’, incluido el lado emocional que le faltaba a Noether : ’’Con Kovalevskaya, ves la tensión. Entre su creativa mente, su vida y su pasión, así como el espíritu de burla de sí misma, quien irónicamente mira su propio conflicto desesperada. ¡Qué lejos de las posibilidades de Emmy !’’ Ella es, por tanto, una antítesis de Noether, a quien caracteriza como masculina. Noether es presentada como la mejor matemática, pero Weyl dice sobre ella exactamente lo que Key dijo sobre Kovalevskaya unos treinta años antes : ’’Nadie podría decir que las Gracias hayan estado cerca de su cuna’’ (Weyl 1935, pág. 219) .

Ciertamente, no es una coincidencia que Eric Temple Bell describa a Kovalevskaya como ’’bonita’’ y hable de una ’’joven deslumbrante’’ en su, totalmente inapropiadamente titulado Men of Mathematics y publicado dos años después (Bell 1937, pág. 424f) . Sin embargo, incluso hoy, Kovalevskaya es descrita no solo como hermosa, sino incluso como ’’ciertamente el matemático más hermoso de ambos sexos’’ (Derman 2004, pág. 78) .

En las representaciones modernas, Kovalevskaya es, por tanto, más que un modelo. A menudo se la coloca en un pedestal, no necesariamente de manera consciente, y se la presenta como una figura simbólica que debe refutar cualquier prejuicio sobre las mujeres científicas. Por lo tanto, se supone que debe servir no solo como prueba de que las mujeres son capaces de los mayores logros en matemáticas, sino también de que no necesariamente tienen que ser feas para estar interesadas en la investigación.

Kovalevskaya, así como Bashkirtseff y Brontë, son hoy veneradas como pioneras y heroínas, mujeres que, gracias a sus realizaciones extraordinarias, pudieron imponerse en dominios entonces casi exclusivamente masculinos como las matemáticas, la pintura o la literatura. Nadie pensaría en atribuir su muerte prematura a otra cosa que no sea una atención médica deficiente, o considerar que sus elecciones profesionales hayan sido la fuente de una vida de deseo amoroso frustrado.

Bashkirtseff, Brontë y Kowalevskaya se convirtieron así, como a principios del siglo anterior, en lienzos sobre los que diversos autores proyectan sus respectivas tesis sobre la mujer en las ciencias y las artes. Si bien no hay que olvidar que sin duda existen hoy publicaciones más diferenciadas sobre estas tres extraordinarias mujeres, las enumeraciones biográficas enciclopédicas mencionadas al comienzo de nuestro artículo persiguen una agenda clara. Aquí también se presenta solo una parte de su personalidad, mencionando solo, o al menos principalmente, aspectos que se prestan a la confirmación de hipótesis preexistentes sobre la mujer en la ciencia. Incluso si nos inclinamos a considerar positiva esta puesta en escena de Kowalevskaya como modelo para las mujeres jóvenes, corremos el riesgo de olvidar que esta forma de presentación tiene algo en común con la de principios del siglo XX : se trata de una instrumentalización.

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Post-scriptum :

Article editado y orginalmente traducido del alemán al francés por Jenny Boucard y Thomas Morel.

Notes

[1Aquí hay algunas publicaciones recientes que incluyen títulos que ya dan testimonio de esta situación : Ignotofsky , Rachel (2016), Mujeres en la ciencia : 50 pioneras intrépidas que cambiaron el mundo  ; Jackson, Libby (2018), Galaxy Girls : 50 historias asombrosas de mujeres en el espacio  ; Tsjeng, Zing (2018), Mujeres olvidadas : las científicas  ; Anderson, Becca (2020), Libro de escritoras impresionantes : místicas medievales, poetas pioneras, feministas feroces y primeras damas de la literatura  ; Ignotofsky, Rachel (2019), Mujeres en el arte : 50 creativas intrépidas que inspiraron al mundo  ; Halligan, Katherine y Walsh, Sarah (2018), HerStory : 50 mujeres y niñas que sacudieron el mundo .

[2La obra más famosa es sin duda la de Alphonse Rebière, Mujeres en las ciencias, publicada en 1897. Rebière ya había publicado en 1889 un folleto sobre la mujer en las matemáticas en el que, además de Kovalevskaya, se presentaron otras cinco matemáticas contemporáneas. Está Sophie Germain (1776-1831), primera ganadora de un premio de la Academia de Ciencias de París, y Liouba Bortniker (1860-1900), primer premio de la prestigiosa « agregación de matemáticas » en 1885 y ganadora del primer premio Peccot-Vimont un año después (Rebière 1889). En 1894, en una conferencia de Cercle Saint-Simon, publicó la primera edición de Mujeres en las ciencias , una prosopografía todavía bastante delgada ; la única novedad en comparación con el folleto de 1889 es la astrónoma y matemática Mary Sommerville (1780-1872) (Rebière 1894) . La acogida es tan positiva que en 1897 aparece una nueva edición considerablemente ampliada. Cientos de mujeres se presentan allí en 400 páginas, entre las que, sin embargo, también aparecen entradas dudosas, como la madre de Séneca, cuyo mérito científico -según Rebière- fue su maternidad. En aras de la objetividad, hay declaraciones de críticos de la educación de las mujeres, pero es claro que el objetivo de esta publicación es demostrar por números que el sexo femenino es capaz de grandes logros en el campo científico.

[3El doctorado in absentia apareció a mediados del siglo XIX con la introducción del certificado de doctorado. Los estudiantes ahora pueden simplemente enviar sus tesis sin participar en una defensa. Esto desencadenó un fuerte aumento en el número de doctorados : entre 1832 y 1865, se otorgaron 1.867 doctorados en la Facultad de Filosofía de Jena, donde se enseñaban matemáticas, todos in abstentia excepto 19. Fuente de ingresos significativos para las universidades debido al costo de las tasas de doctorado, los doctorados in abstentia siempre han tenido la reputación de bajar el nivel científico y abrir la puerta al fraude ; esta reputación es a veces justificada, como lo demuestran las agencias que permiten emitir un doctorado casi gratis a cambio del pago de una tasa (Rasche 2007) . La decisión de presentar los trabajos de Kowalevskaya, cada uno de los cuales era digno de un doctorado, podría, en defensa, haber sido sometida a un escrutinio demasiado riguroso para demostrar la incapacidad de la mujer para asistir a la universidad. Tenga en cuenta que la amiga cercana de Kovalevskaya, Yulia Lermontova, presentó su doctorado en química poco después que ella, también en la Universidad de Gotinga. Sin embargo, a diferencia de Kovalevskaya, tuvo que aprobar un examen oral, que aprobó brillantemente (Tollmien 1997) .

[4Cooke especifica que es Roger Liouville (1856-1930), un pariente lejano del famoso Joseph Liouville (1809-1882), quien ya había dado esta prueba en 1897. De hecho, Liouville publicó un artículo creyéndolo contener la prueba. Sin embargo, contenía errores graves que se conocieron unos años después (Audin 2011, p. 106) . También se obtuvieron otros resultados con la teoría de Riemann, que fue rechazada por Weierstrass y su escuela (Klein & Sommerfeld 1897) . Otros puntos de las matemáticas de Kovalevskaya se evocan en este artículo de Imagen de las matemáticas .

[5En la época, también era ampliamente admitido que los genios debían ser hombres debido a la creatividad requerida para ese tipo de actividad. Sin embargo, Kovalevskaya también fue llamada una genio en otras publicaciones, y entonces se entendió ampliamente que esto era la causa de su supuesta miseria. Esta explicación también es dada por Laura Marholm, mencionada más adelante en este artículo, quien la refiere como una ’’genio femenino’’, lo que nuevamente muestra lo inusual que era que una mujer fuera llamada genio.

[6La debilidad ( Schwachsinn ) se entiende aquí en el doble sentido físico y mental, en el sentido original del término.

[7Ver (Kaufholz-Soldat 2019, capítulos 2 y 3) . El hecho de que el matrimonio por conveniencia con Vladimir eventualmente se convirtiera en un matrimonio real es convenientemente dejado a un lado, especialmente por Marholm, como si fuera irrelevante.

[8Este término, definido de manera bastante vaga, abarca todo lo que se consideraba licencioso y, en el sentido más amplio, no femenino.

[9No parece haber una fuente que describa a Bashkirtseff como fea.

[10Como ejemplo, para el siglo XVIII, ver Il fi loso fi smo delle belle de Guiseppe de Cataneos (1753) [ver Segler Messner 1998, pág. 63 y siguientes ]. El efecto duradero de este patrón se puede ver en la serie de televisión The Big Bang Theory recientemente concluida, en la que la atractiva pero no particularmente inteligente rubia Penny también se contrasta con la científica Amy, inteligente pero presentada con precisión como fea.

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Pour citer cet article :

Andrés Navas — «El tema de la fea y triste Kovalevskaya... » — Images des Mathématiques, CNRS, 2021

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