Más dura será la caída

Le 1er décembre 2012  - Ecrit par  Olivier Courcelle
Le 7 septembre 2020  - Traduit par  Jimena Royo-Letelier, Julio E. De Villegas
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En el siglo XVIII, los medios de la marina mercante no podían siquiera compararse con los de una marina de guerra sostenida por un estado poderoso. Sus embarcaciones eran bastante más pequeñas. Resulta que las dimensiones de los más grandes navíos no se estimaban en ’’toneladas’’, sino en ’’cañones’’.

Algunos considerarán que la unidad de medida no carece de pertinencia... Y es cierto, ya que disponer de la mayor cantidad posible de cañones -cuidando de respetar una distancia mínima entre ellos para que el fuego no se expanda al otro y no moleste la maniobra- da una idea del tamaño de una nave armada de tal modo.

Los barcos más grandes llevaban 120 cañones (repartidos principalmente en tres puentes) y tenían una tripulación de 1200 hombres. Su construcción necesitaba 4000 robles y 140 000 jornadas de trabajo. Más valía entonces no equivocarse en su concepción…

Y, justamente, ¿qué forma darle al casco de un navío ? ¿Se tomó bien en cuenta la acción del bamboleo y del cabeceo ? Y los mástiles : ¿cuántos se necesitan y de qué altura ? Las naves más grandes tenían tres... Y las velas : ¿qué forma darles ? ; ¿cómo disponerlas ?

Se siente que ahí había una ciencia por fundar.

Entonces soltemos las amarras y pongamos rumbo... rumbo al sudoeste... ¿Se sabe aún hoy en día que una embarcación del siglo XVIII arrastraba tantos peces con su carena como pájaros con su velamen ??? Entonces larguémonos de los mares y ganemos altitud... Subamos hasta las más altas montañas del mundo, incluso ni siquiera a los Himalaya -una cadena muy poco conocida en esa época- sino a la cordillera de Los Andes, del otro lado del océano. Fue ahí, bastante por encima del nivel del mar, que un tal Pierre Bouguer (1698-1758) concibió amplias partes de su Traité du Navire [1] (Paris, 1746), una obra fundadora de la arquitectura naval :

Nos proponemos, tratando sobre la construcción de navíos y de la mecánica de sus movimientos, sustituir si se puede, con reglas exactas y precisas, las prácticas oscuras y a ciegas que están en uso en la marina [2].

Bouguer se encontraba entonces en el ecuador para efectuar mediciones geodésicas destinadas a probar que la Tierra era ligeramente aplanada en los polos, así como lo preveía la teoría newtoniana de la gravitación. La misión duró una decena de años. Bouguer elaboraba su obra durante sus momentos de libertad. Era un adepto a las matemáticas y lo justificaba así :

Querer privarse entonces del auxilio necesario del Álgebra, es como si uno se propusiera, sin remo, sin vela, e incluso sin balsa, cruzar a nado un vasto mar [3].

Bouguer publicó su Traité du Navire un tiempo después de su regreso a Francia. Un regreso envenenado, no obstante, por una fea pelea con La Condamine, otro miembro de la expedición. Cada cual había presentado su informe del viaje bajo el ecuador. La Condamine poseía como persona el arte de hacerse valorar, y Bouguer, que se sabía mejor matemático, no se sentía suficientemente reconocido. Se desató un combate estúpido e inútil. Los dos hombres se enzarzaron públicamente en una guerra escrita : Justificación, Suplemento, Carta al Señor ***, Respuesta del Señor*** [4]. Fácilmente me imagino un Bouguer amargado, deprimido, en lo más bajo, como aferrado a algún resto de naufragio para evitar hundirse definitivamente.

¿Algún buen alma pasará por ahí para rescatarle ? Es probable que más bien le pique los dedos con un arpón...

En las ricas profundidades de los archivos de la Academia de Ciencias se encuentra conservada una carta de Saint-Malo escrita por un tal Brisart que, como respuesta a una solicitud de informaciones, menciona el Traité du navire. Aunque contiene una expresión que no entiendo (indicada por […], vea la foto), la intención general no me parece de las más positivas :

Se ha visto al Sr. Bouguer hacer un excelente Tratado de la Construcción de Navíos, pero que resulta inútil por estar cargada de álgebra. Su libro ha tenido una gran salida, muchos lo han comprado debido a la reputación, y como lo encontraron cargado de álgebra, su libro aunque excelente, sirve para hacer […] en los mercados si uno está asqueado [5].

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Resiste, Bouguer, ya que finalmente tendrás el porvenir para ti. Tu Traité du Navire se convirtió en la biblia de los constructores de navíos durante cerca de un siglo. Y no soy yo quien lo dice, sino un eminente historiador de la arquitectura naval, Larrie Ferreiro, que por cierto no esconde en absoluto la admiración que te tiene [6].

Notes

[1NdT : ’Tratado del Navío’

[2Bouguer (Pierre), Traité du navire, de sa construction et de ses mouvements, Paris, 1746, p. 1.

[3Ibid., p. xxvii.

[4Bouguer (Pierre), Justification des Mémoires de l’Académie royale des sciences de 1744 et du livre de la figure de la Terre, Paris, 1752 ; La Condamine (Charles-Marie de), Supplément au Journal historique du voyage à l’Équateur et au livre de la Mesure des trois premiers degrés du méridien, servant de réponse à quelques objections, Paris, 1752 ; Bouguer, Lettre à Monsieur *** dans laquelle on discute divers points d’astronomie pratique et où l’on fait quelques remarques sur le Supplément au journal historique du Voyage à l’Équateur de M. de la C., Paris, 1754 ; La Condamine, Réponse de M*** à la Lettre de M. Bouguer sur divers points d’astronomie pratique et sur le supplément au Journal historique de M. de La Condamine, sl, [1754].

[5Archives de l’Académie des sciences, Dossiers de prix, carton I (1729-1781), dossier 1749-1751. La carta, fechada el 6 de septiembre de 1750, es en realidad anterior a la publicación de documentos de la polémica con La Condamine que mencioné. Está transcrita íntegramente en una página de mi sitio en Clairaut.

[6Ferreiro (Larrie D.), Ships and Science, MIT Press, 2007, p. 1. Es por supuesto a la portada de este libro, que muestra un navío en la cumbre de una montaña, que yo debo la idea general de este artículo.

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Pour citer cet article :

Julio E. De Villegas, Jimena Royo-Letelier — «Más dura será la caída» — Images des Mathématiques, CNRS, 2020

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