Sobre la matemática y los medios de comunicación

Piste verte Le 16 juillet 2012  - Ecrit par  Cédric Villani
Le 21 février 2022  - Traduit par  Julio E. De Villegas, Jimena Royo-Letelier
Article original : De la Mathémédiatique Voir les commentaires
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Es artículo es publicado en asociación con La gazette des mathématiciens de la Sociedad Matemática de Francia (SMF).

Entonces díganos : en el fondo, ¿para qué sirven las matemáticas ?

Cuando vuelve la fatídica y sempiterna pregunta en una entrevista o en un estudio de televisión, uno lanza un gran suspiro interior -por un momento recuerda a algún ministro que un día estaba tan irritado por la pregunta del animador que abandonó el estudio, pero uno se aguanta- y se pone en modo automático para contestar.

Después de todo, esta pregunta que nos parece monstruosa es legítima : para una cantidad de nuestros conciudadanos, las matemáticas parecen una actividad perfectamente gratuita, y cuando se les explica que es indispensable para cualquier avance tecnológico un tanto sofisticado, se sorprenden tanto como si uno les dijera que el griego antiguo es útil para construir automóviles.

Situación muy peligrosa, por supuesto. Lo esencial de nuestras investigaciones es pagado por el contribuyente. Si los ciudadanos y sus representantes no comprenden la importancia de las ciencias matemáticas para el avance de la sociedad, o no le toman el gusto a asociarse a nuestros sueños matemáticos, no se ve por qué continuarían financiándonos. A menos que lo hagan porque se sientan forzados a ello, pero nuestra imagen y nuestra capital simpatía se resentiría aún más. Y tanto para nuestro propio bienestar como para el porvenir de nuestra disciplina, es importante que tengamos una imagen positiva.

Por otra parte, no hay que equivocarse : la más grave preocupación de nuestra comunidad en este momento no son las dificultades presupuestarias ni las reformas en curso ni las preguntas irritantes de los periodistas, sino la pérdida de popularidad de nuestro oficio, y la acelerada desaparición de nuestros estudiantes y nuestros profesores, lo que compromete todo el edificio de la investigación y de la enseñanza superior. Para remediarlo, solo un mensaje positivo podrá lograrlo. Hablar más de ciencia en la escena pública no será probablemente una condición suficiente para frenar la caída de las vocaciones, pero por cierto es una condición necesaria. Eso quiere decir que debemos crear relaciones directas y durables con el público y los medios.

No se lo dice suficientemente : estas actividades se aprenden. Es así como en 2007 yo pude aprovechar con algunos colegas una excelente formación en comunicación con los medios, organizada por el CNRS.
El animador, Claude Vadel, nos había dado algunos elementos de psicología del periodista y de la audiencia, nos hizo efectuar algunos trabajos a veces desestabilizantes, y había mencionado durante una discusión a los ’’científicos comunicadores’’ que se encuentran en primera línea frente a los medios y que representan a su comunidad en el espíritu de lo público, los Hubert Reeves, Axel Kahn, etc. Es forzosamente irritante para sus colegas, pero ellos juegan un papel de intermediario entre su campo y el público masivo, que los periodistas científicos -por competentes que sean- no pueden asumir con el mismo impacto.

Cuatro años después, en mi oficina en el IHP, un periodista de Télérama me decía ’’usted sabe, está en buen camino de convertirse en el Hubert Reeves de las matemáticas’’. y yo tuve que poner una cara divertida durante algunos instantes antes de retomar el hilo de la entrevista. Algunos días más tarde, de nuevo hice una mueca al descubrir el título del artículo : ’’Yo soy la Lady Gaga de las Matemáticas’’ Je suis la Lady Gaga des Maths (’’Bueno, ellos deben saber lo que hacen, y no soy quién para juzgar lo que es un buen título.’’).

Un título interesante que dividió a los colegas matemáticos. Algunos veían ahí una voluntad de singularización, otros una manera de ponerse a la delantera, otros un populismo carente de decencia para un universitario, otros incluso no veían ningún problema. Para mí, evocar a Lady Gaga era una respuesta lúcida y pedagógica al periodista, que me preguntaba por qué en un país como Francia -que ha tenido tantos grandes matemáticos- yo me encontraba en la primera línea de popularidad. Evidentemente, las opciones de vestimenta son un motivo no descartable, y para hacer una analogía con otro campo, si hoy Lady Gaga ostenta el récord mundial de seguidores en Twitter, es sin duda en primer lugar por sus excentricidades al vestirse.

Tanto en un caso como en otro, nada de glorioso por cierto.

Evidentemente, yo no había previsto que la comparación se transformaría en un título tan radical. El periodista de Télérama me preguntó después si él no había ido demasiado lejos...

Finalmente, las reacciones del público (al menos entre el 99,99% de las personas que no son matemáticos) me convencieron de que el título era bueno, en vista del retorno que tuve. Entre todos los artículos en los cuales he participado en los últimos dos años, este es uno de los más leídos y comentados, y algunos entusiastas incluso me han dicho que fue el título el que les animó a leer la entrevista...

Los verdaderos problemas estuvieron en otra parte. Voy a permitirme pasar revista a algunos de los peores obstáculos que yo encontré durante casi dos años que he pasado con los medios, esperando que les sea útil a quienes vendrán a tomar el relevo.

El primer escollo importante son las escalas de tiempo y de espacio que imponen una presión considerable. Espacio limitado en los diarios, tiempo reducido en la televisión, preparación con urgencia, solicitud de respuesta inmediata. Todo eso va en contra de sus hábitos de trabajo y mueve al error. Cuando uno se expresa en una tribuna restringida a 3000 caracteres resulta imposible de desarrollar como se desearía, uno no puede citar tanto como quisiera y se encuentra cometiendo torpezas que lamenta amargamente. En una entrevista con tiempo limitado, a uno pueden perfectamente cortarlo a mitad de mensaje. Cuando le han avisado solo con 3 días de anticipación el tema que será tratado en el estudio de TV, uno apenas tiene tiempo para informarse. E incluso está bien si a uno le han avisado con anticipación. Al menos en Francia, muchos periodistas prefieren la espontaneidad en detrimento de la preparación (el contraste es sobrecogedor cuando se trabaja con ciertos medios extranjeros : me acuerdo en especial de un estudio de televisión sueco muy preparado y sin embargo muy vivo).

Segundo escollo : los errores en la transcripción. Una entrevista o un perfil reflejan solo en cierta medida los propósitos considerados por aquel a quien uno se los atribuye. Se elige cosas, algunas frases son completamente reescritas. Ocurre con regularidad que me preguntan sobre tal o cual declaración hecha a la prensa, ante las cuales estoy forzado a admitir -con la mejor voluntad del mundo- que no me dicen nada. Esto vale también para los hechos, por supuesto. Una vez un periódico reputado muy confiable anunciaba mi presencia en una ceremonia donde jamás había puesto los pies. Uno debería saberlo, sin embargo : todas las informaciones, todas las palabras que son transcritas por un tercero, hay que tomarlas con prudencia.

Y luego, incluso cuando el cuerpo del artículo está bien transcrito, o cuando usted mismo es el autor, ¡los detalles pueden dar vuelta todo ! Puede ser el orden de la presentación : en cierta conferencia de prensa, una respuesta factual hecha a una pregunta al final de la sesión se colocó al inicio de un comunicado preparado por una agencia de prensa, como si eso hubiera sido el anuncio más importante que yo hubiera querido presentar. Al día siguiente recibí llamados telefónicos y correos electrónicos furiosos o inquietos de parte de responsables de programas de gobierno, y uno me aconsejaba publicar un desmentido oficial (!?). Por suerte, los informes preparados de inmediato por otros medios pudieron convencer a mis interlocutores que los propósitos presentados habían sido transcritos de manera parcial.

Otro detalle que tiene su importancia : a veces una entrevista fielmente transcrita (por ejemplo, escrita con sus cuidados para mayor seguridad) se contradice con un título (elegido por no se sabe quién). Me ha pasado al menos dos veces que un título expresaba lo contrario de lo que el texto contenía... y no hace falta decir que la mayoría del tiempo el título se descubre cuando ya está publicado.

Incluso en el texto que usted firma, todo puede pasar. A veces son palabras añadidas por un corrector celoso, que siente la necesidad de agregar la palabra ’’cristalino’’ en un texto (donde precisamente, para mala suerte, usted habla de una red no cristalina), o que piensa que no hace daño -viendo que se habla de Galton- recordar que él es uno de los padres fundadores del eugenismo (con todos los subtendidos que uno pueda leer ahí) ; o bien, decide cambiar el giro o la gramática según sus reglas inéditas. La mayor parte del tiempo he podido corregir esas ’’mejorías’’, pero a veces se me han escapado. Así, en esto que para mí ha sido sin lugar a dudas el episodio mediático más traumático de estos últimos años, cierta crónica relativa a matemática financiera fue publicada sin cambiar ni una sola palabra de mi texto... ¡pero con una diagramación de los párrafos completamente estropeada ! Y el recorte de los párrafos parecía como el montaje de una película, que cambiaba el sentido del texto. A punta de uniones o separaciones de párrafos, deseando de buena fe que mi texto quedara más contundente, el editor había finalmente revuelto los equilibrios ya frágiles debido a la limitación de espacio. Para coronar todo, al descubrir con asombro el artículo al mismo tiempo que los comentarios estupefactos que generaba, me di cuenta con terror que el diario había decidido sin aviso enviar también el texto a un público especializado (lectores de páginas económicas) a quien no estaba destinado en absoluto, y para el cual yo habría redactado por supuesto de manera diferente.

Que las cosas queden claras : pese a esas experiencias delicadas, no hay que tomar al o a la periodista por inculto o un estafador con moral elástica. No es eso para nada. En general es respetable e inteligente, y enfrenta él mismo dificultades considerables, atenazado por el científico que tiene que encontrar el tono justo, un comité de redacción que no dudará en censurarlo, lectores demandantes de una información inmediata, etc. Lo más frecuente es que el periodista busque sinceramente hacer del científico un aliado que vaya a ayudarle a escribir un buen artículo o realizar un buen programa. Nosotros tenemos que ayudarle a enfrentar sus complicadas condiciones al límite.

Una vez superados los problemas de la velocidad y de la fidelidad de la transmisión, queda un tercer escollo, más imprevisible, que se podría llamar ’’el sindrome del experto’’. Si usted está especializado en alguna cosa, a los ojos de mucha gente es menos creíble en sus comentarios acerca de un tema que está fuera de su campo de competencias, que alguien que no está especializado en nada (para ser justo, debo añadir que para otra franja de la audiencia es al revés). Muchas veces, para preparar crónicas sobre temas que yo no dominaba a priori (por citar algunos ejemplos : demografía china, crisis financiera, redes de distribución de energía, etc.) me vi obligado a identificar y entrevistar largamente a especialistas, les hice leer mi copia. En pocas palabras, hice todo para lograr un resultado irreprochable, sin poder evitar no obstante un comentario recurrente acerca del tema : ’’no es de su campo de competencias’’. Por supuesto la crítica no es válida, porque la mayoría de las personas a quienes escuchamos leemos o vemos expresarse en los medios acerca de todos los temas imaginables, tampoco están en su campo de competencias. Sin embargo es importante que los científicos se expresen en la escena pública. Sería desastroso enviar el mensaje de que un científico se interesa solo en su campo de especialidad forzosamente restringido en el cual es capaz de publicar artículos de investigación.

Es además uno de los encantos más importantes de las actividades de difusión : hacer que usted vuelva atrás, que trabaje la historia de un tema, buscar diferentes pistas, reformular teorías agudas en lenguaje corriente, repensar en la historia o en el lugar de tal tema de investigación en el paisaje del conjunto de la ciencia, analizar su comportamiento y sus emociones como investigador. Estas actividades son extremadamente enriquecedoras para uno. Hablar del trabajo de investigador a quienes no lo conocen es un excelente medio para encontrar por sí mismo más sentido y orgullo. En cuanto a la inversión de tiempo (bastante considerable, es cierto) que exige la preparación de un artículo de difusión, de una conferencia pública o de una crónica de TV, está largamente compensada con el placer del trabajo de síntesis y la acogida a menudo entusiasta del público masivo.

Y es la buena noticia con la cual se puede concluir esta mirada : nuestro potencial de popularidad, como científicos, es finalmente considerable, mucho más importante que lo que tenemos en mente (en todo caso, de lo que yo tenía en mente). Algunos gruñones echan pestes contra los matemáticos, a quienes acusan de haber causado la crisis financiera, pero la mayoría está sinceramente feliz de descubrir nuestro mundo de investigaciones, de borradores, de pizarrones, de ecuaciones, etc. La exposición de la Fondation Cartier atrajo 80.000 espectadores, pese a la débil resonancia por parte de los servicios culturales de los grandes medios de comunicación. Todos los días o casi todos me cruzo con desconocidos que me dicen cuán felices son al escuchar hablar de ciencia en los medios, escuchar mis crónicas en la radio France Info, o leer mis columnas en el diario Le Monde. Lo mismo en las conferencias públicas : en muchas ocasiones me han hecho hablar en salones con más de un millar de personas, literalmente ávidas por escuchar sobre ciencia. Experiencias incomparables para el orador, que ilustran si todavía se necesita que las ventajas de la mediatización (muy relativa) de nuestra disciplina excedan por mucho los inconvenientes.

Post-scriptum :

La redacción de Images des maths, así como al autor, agradecen por su atenta relectura a : Avner Bar-Hen, Sylvain Barré, Gérard Besson, Thierry Barbot, Étienne Ghys y Christian Mercat.

Article original édité par Fabrice Planchon

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Pour citer cet article :

Julio E. De Villegas, Jimena Royo-Letelier — «Sobre la matemática y los medios de comunicación» — Images des Mathématiques, CNRS, 2022

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